
Año de mucho estudio para aprobar sin plaza.
Año de decepciones, de saber que gente que querías que estuviese no estuvo, que los que están siempre van a estar, que otros que no contabas con ellos estuvieron… , de afianzar amistades, de ojos llorosos, de hacer el payaso, de chocolates con nata, de risas hasta la madrugada, de cenitas con charlas interminables.
Año de soledades necesitadas e innecesarias. Año de paseos sola por la playa con la única compañía de mis pensamientos. Año de contemplar las nubes buscándoles formas. Año de dar oportunidades a gente que ha consumido todas sus oportunidades, de saber perdonar, año de escuchar más que hablar, de ser observadora, de seguir teniendo mi peor defecto que es ser demasiado buena.
Año de no creer en el amor, ni en medias naranjas, ni en príncipes… Año de comprar libros compulsivamente y leer más de uno a la vez. Año de perderme leyendo versos de Benedetti, llorar con más de una película, escuchar canciones de Iván Ferreiro, Fito y los fitipaldis, sabina... Año de contemplar anocheceres en la playa mientras escucho jazz en el coche o tomando un café.
Año de echar de menos a los que se fueron, a los que no están, a los que no quieren estar. Año de vivir en sueños.
Año de comenzar con un nuevo trabajo, por el que me pagan mientras disfruto como una enana y el que me hace perderme por pueblos y aldeas pérdidas de Galicia.
Año en el que sigo siendo indecisa, en el que no me quiero todo lo que debería, en el que sigo siendo para bien o para mal desconfiada, en el que me gusta guárdame cosas sólo para mí. Año en el que dicen que soy misteriosa, que no me dejo conocer, que tengo miedo.
Año que ha pasado.


